En el camino de la vida, todas
nuestras vivencias cobran debido sentido, si tenemos un reto, una meta que
alcanzar. Y la razón de nuestra existencia son nuestros sueños que luego de una
perseverante lucha incansable, se hacen realidad delante de nuestros propios
ojos. Pues la aventura de la vida es aprender. El propósito de nuestra vida es
crecer. La naturaleza de nuestra existencia es cambiar. Nuestro único reto en
la vida es vencer. Siendo la mayor oportunidad de la vida, servir. El gusto de
vivir es ofrecer amistad. La belleza de la vida es dar y el gozo de vivir es
amar.
Admito que cuando creemos en nosotros
mismos, es entonces cuando se manifiesta
las mejores oportunidades y situaciones, pues el éxito depende de la voluntad,
decisión que tomemos y acciones que realicemos. Muchas situaciones por alcanzar
nos parecen constituir circunstancias ilusorias
y utópicas; pero cuando resueltamente ponemos en marcha con prudencia
nuestro libre albedrío es entonces donde se manifiesta nuestra verdadera
personalidad y carácter de ser triunfadores, detestando el pesimismo, la
mediocridad, la arrogancia, la envidia,
el resentimiento, la ira y la inferioridad.
La mejor senda hacia el encuentro de
nuestra trascendencia en el presente y en lo venidero, nos conduce hacia un
recorrido de nuestro interior, conociendo y comprendiendo cada una de nuestras
emociones, cada uno de nuestros pensamientos, sentimientos y valores;
encontrando nuestras miserias para luego derrotarlas; pues cada fracaso en
nuestra diaria lucha debe constituir para nosotros una nueva experiencia
victoriosa, de este modo reforzar nuestras virtudes para consolidar nuestro ser
interior y así, crecer y creer en nosotros mismos y llegar a respetarnos y
respetar a nuestros prójimos.
Si por el contrario, no realizamos
esfuerzos denodados, quedándonos donde actualmente nos encontramos, pensando
que estamos mejor así, nos auto engañamos y lo que nos espera es el marasmo de
la vergüenza, la intrascendencia y el fracaso. De ahí el dicho: Mejor es hacer
algo en la vida que no hacer nada, fracasar y criticar. Pues la crítica por la
crítica nos conduce solo a ser criticones y nos constituimos en estorbo para
los demás.
En cambio, si nos animamos como
maestros y alumnos cada día a ser de nuestra existencia, una verdadera
pedagogía del ejemplo en cada uno de nuestros actos, para bien de aquellos que
así nos tomen luego de nuestro acercamiento con ellos, en la búsqueda de
nuestros sueños visionarios; alcanzaremos la verdadera realización que
ansiamos, desarrollando la verdadera misión por la que existimos. Ser trascendentes
y alcanzar el verdadero sendero de ser hombres y mujeres que no se vendan ni se
compren, sino que sepan llamar a los sucesos y fenómenos que ocurren por su
verdadero nombre. Ser o no ser, ser un “hombre viejo”, o ser un “hombre
trascendente”, solo tú eliges el camino a seguir.
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